miércoles, 19 de abril de 2017

INFORME ANALÍTICO REFLEXIVO




MSc. Eduardo Sánchez

Desde el comienzo de la humanidad el hombre comenzó la transformación de entorno adecuándolo para que sirviera a sus intereses básicos, de seguridad y de medio de abastecerse de los materiales esenciales para su supervivencia.  Estos elementos contribuyeron al bienestar de las comunidades que luego darían paso a los grandes conglomerados, que posteriormente se transformaron en las ciudades que conocemos hoy día.
Por mucho tiempo el medio ambiente proveyó lo necesario para el sostenimiento de las grandes civilizaciones, sin que el hombre dejará una gran marca de su accionar en su entorno, pero al hacerse más urgente el uso de los recursos que brinda la naturaleza, esto ha ido cambiando hasta nuestros días.  
Ya en el pasado como un asomo profético civilizaciones entera se vieron envueltas en un casi aniquilamiento, como lo fue el pueblo maya, que tuvo que abandonar sus grandes capitales, debido a que ya no era sostenible el agruparse en grandes ciudades, destruyendo el medio que los sostenía por un uso irracional de los mismos.
De igual manera el pueblo que pobló la isla de pascua que fue diezmado por las guerras y el sobre uso de los recursos, en especial los madereros, dejando una un pueblo anclado en una isla sin vegetación y los recursos de huir de las tragedias que le sobrevinieron.
Y así por el estilo se puede hablar de cómo el hombre no ha sabido gerenciar los recursos que el ambiente ha provisto, logrando una sustentabilidad en el tiempo y el espacio. A pesar de estos hechos aparentemente aislados, no es hasta ya entrado el siglo 20, que se comenzó a hablar en la década de los 60, de la necesidad de encarar los problemas ambientales, climáticos y de la biodiversidad, como un hecho de urgente atención para la subsistencia del ser humano en un planeta que cada vez no urge a utilizar un pensamiento de administrar los recursos de una manera sostenible.
Lo cual quiere decir que no podemos seguir pidiendo a nuestro planeta Tierra que nos brinde sus recursos para mantener un desarrollo no planificado, que atenta con la propia salud de nuestro mundo y que cada día está pasando factura, cuando los eventos catastróficos, tales como sequias, hambrunas, inundaciones, pandemias entre otros, son eventos que nos toca vivir en nuestra sociedad presente.
En este contexto ha surgido un término que reduce todas las iniciativas que el hombre tiene que desarrollar para enfrentar un escenario futuro que sobrecoge la imaginación más fructífera, al vislumbra un futuro en donde nuestro planeta sea cada vez más inhabitable. Este término es la sustentabilidad, que ha ido variando a través de los tiempos, hasta que se ha ido robusteciendo, hasta conformar un sistema socio ecológico muy amplio en donde se configuran tres dimensiones muy importantes como son la economía, la sociedad y el ambiente. (Calvante, 2007)



Estas visiones modernas sobre un mundo en el cual el deterioro ambiental cambiaría el entorno como lo conocemos, comenzó en la literatura con el libro Primavera Silenciosa, en donde la bióloga Carson en 1962, describe un mundo en donde no existen pájaros, resultado de un deterioro paulatino del ambiente. (Calvante, 2007)
Este contexto apocalíptico se daba en momentos en el que estaba en pleno uso muchos fertilizantes y pesticidas que se pensaban harían un milagro en la producción de grandes cosechas, pero tuvo un efecto negativo en plantas y especialmente aves y animales que, por estar en la cima de la cadena alimenticia, se afectaron por dichos usos irracionales de químicos.
De tal manera que hoy sea a tomado mayor conciencia de la importancia de las actividades humanas estén más cónsonas con las demandas del ambiente y en la búsqueda de lograr desarrollar una economía que sea sustentable y cambie el efecto sobre la Tierra.
Por eso es menester hacer una revisión de la praxis gerencial, que hoy puede ser el motor que logre revertir los abusos que ha tenido nuestro planeta en aras del progreso y bienestar humano. Por ello esa redimensión de la praxis gerencial debe comenzar en el mismo corazón de las organizaciones, que no son otra cosa que la expresión intencional de los colectivos, en la búsqueda de alcanzar propósitos comunes. (Robbins y Coulter, 1996)
            De allí que nuestra sociedad debe responder a las señales que hoy las organizaciones no pueden seguir creciendo a niveles insostenibles.  Por eso hoy ha llegado el momento de ponernos a buscar soluciones a todos los problemas ambientales que enfrentamos. (Vegas y Álvarez, 2009)



           

Por cual, se ve una estrecha relación entre la educación y el desarrollo, y si se toma en cuenta que se reconoce como un derecho la educación, entonces, son los sistemas educativos, los que determinan el tipo de sociedad y del individuo que prevalecerá en el futuro. De allí que se debe definir qué tipo de educación es necesario implementar para lograr un desarrollo sustentable que se pretende obtener sin mermar las capacidades que hacia el futuro tendremos, si mantenemos un ritmo destructivo de nuestro planeta.
El desarrollo sustentable es un proceso integral que exige a los distintos actores de la sociedad compromisos y responsabilidades en la aplicación del modelo económico, político, ambiental y social, así como en los patrones de consumo que determinan la calidad de vida.
La Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo, establecida por las Naciones Unidas en 1983, definió el desarrollo sustentable como el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer las capacidades que tienen las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades.
El desarrollo sustentable implica pasar de un desarrollo pensado en términos cuantitativos - basado en el crecimiento económico - a uno de tipo cualitativo, donde se establecen estrechas vinculaciones entre aspectos económicos, sociales y ambientales, en un renovado marco institucional democrático y participativo, capaz de aprovechar las oportunidades que supone avanzar simultáneamente en estos tres ámbitos, sin que el avance de uno signifique ir en desmedro de otro.
El desarrollo sustentable, para serlo y diferenciarse del simple crecimiento, tecnificación, industrialización, urbanización, o aceleración de los ritmos, debe satisfacer ciertas condiciones, además de ser endógeno, es decir nacido y adecuado a la especificidad local, y auto gestionado, es decir, planificado ejecutado y administrado por los propios sujetos del desarrollo (Ramírez, Sánchez y García (2004).
1. Sustentabilidad económica, para disponer de los recursos necesarios para darle persistencia al proceso;
2. Sustentabilidad ecológica, para proteger la base de recursos naturales mirando hacia el futuro y cautelando, sin dejar de utilizarlos, los recursos genéticos, (humanos, forestales, pesqueros, microbiológicos) agua y suelo;
3. Sustentabilidad energética, investigando, diseñando y utilizando tecnologías que consuman igual o menos energía que la que producen, fundamentales en el caso del desarrollo rural y que, además, no agredan mediante su uso a los demás elementos del sistema;
4. Sustentabilidad social, para que los modelos de desarrollo y los recursos derivados del mismo beneficien por igual a toda la humanidad, es decir, equidad;
5. Sustentabilidad cultural, favoreciendo la diversidad y especificidad de las manifestaciones locales, regionales, nacionales e internacionales, sin restringir la cultura a un nivel particular de actividades, sino incluyendo en ella la mayor variedad de actividades humanas;
6. Sustentabilidad científica, mediante el apoyo irrestricto a la investigación en ciencia pura tanto como en la aplicada y tecnológica, sin permitir que la primera se vea orientada exclusivamente por criterios de rentabilidad inmediata y cortoplacista.

LISTA DE REFERENCIAS

Calvante, A. (2007). El concepto moderno de sustentabilidad. Universidad Abierta Interamericana: Centro de Altos Estudios Globales

Ramírez Treviño, A.; Sánchez Núñez, J. y García Camacho, A. (2004) El Desarrollo Sustentable: Interpretación y AnálisisRevista del Centro de Investigación. Universidad La Salle, vol. 6, núm. 21, julio-diciembre, pp.55-59

Robbins, S. y Coulter, M. (1996). Administración.  México: Prentice-Hall. 

Vega, P. y Álvarez, P. (2009). Educación Ambiental e Intercultural para la Sostenibilidad: fundamentos y praxis. Universidad de la Coruña. Utopia y Praxis Latinoamericana España

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