INFORME ANALÍTICO REFLEXIVO
MSc. Eduardo Sánchez
Desde
el comienzo de la humanidad el hombre comenzó la transformación de entorno
adecuándolo para que sirviera a sus intereses básicos, de seguridad y de medio
de abastecerse de los materiales esenciales para su supervivencia. Estos elementos contribuyeron al bienestar de
las comunidades que luego darían paso a los grandes conglomerados, que
posteriormente se transformaron en las ciudades que conocemos hoy día.
Por
mucho tiempo el medio ambiente proveyó lo necesario para el sostenimiento de
las grandes civilizaciones, sin que el hombre dejará una gran marca de su
accionar en su entorno, pero al hacerse más urgente el uso de los recursos que
brinda la naturaleza, esto ha ido cambiando hasta nuestros días.
Ya
en el pasado como un asomo profético civilizaciones entera se vieron envueltas
en un casi aniquilamiento, como lo fue el pueblo maya, que tuvo que abandonar
sus grandes capitales, debido a que ya no era sostenible el agruparse en
grandes ciudades, destruyendo el medio que los sostenía por un uso irracional
de los mismos.
De
igual manera el pueblo que pobló la isla de pascua que fue diezmado por las
guerras y el sobre uso de los recursos, en especial los madereros, dejando una
un pueblo anclado en una isla sin vegetación y los recursos de huir de las
tragedias que le sobrevinieron.
Y
así por el estilo se puede hablar de cómo el hombre no ha sabido gerenciar los
recursos que el ambiente ha provisto, logrando una sustentabilidad en el tiempo
y el espacio. A pesar de estos hechos aparentemente aislados, no es hasta ya
entrado el siglo 20, que se comenzó a hablar en la década de los 60, de la
necesidad de encarar los problemas ambientales, climáticos y de la
biodiversidad, como un hecho de urgente atención para la subsistencia del ser
humano en un planeta que cada vez no urge a utilizar un pensamiento de
administrar los recursos de una manera sostenible.
Lo
cual quiere decir que no podemos seguir pidiendo a nuestro planeta Tierra que
nos brinde sus recursos para mantener un desarrollo no planificado, que atenta
con la propia salud de nuestro mundo y que cada día está pasando factura,
cuando los eventos catastróficos, tales como sequias, hambrunas, inundaciones,
pandemias entre otros, son eventos que nos toca vivir en nuestra sociedad
presente.
En
este contexto ha surgido un término que reduce todas las iniciativas que el
hombre tiene que desarrollar para enfrentar un escenario futuro que sobrecoge
la imaginación más fructífera, al vislumbra un futuro en donde nuestro planeta
sea cada vez más inhabitable. Este término es la sustentabilidad, que ha ido
variando a través de los tiempos, hasta que se ha ido robusteciendo, hasta conformar
un sistema socio ecológico muy amplio en donde se configuran tres dimensiones
muy importantes como son la economía, la sociedad y el ambiente. (Calvante,
2007)
Estas
visiones modernas sobre un mundo en el cual el deterioro ambiental cambiaría el
entorno como lo conocemos, comenzó en la literatura con el libro Primavera
Silenciosa, en donde la bióloga Carson en 1962, describe un mundo en donde no
existen pájaros, resultado de un deterioro paulatino del ambiente. (Calvante,
2007)
Este
contexto apocalíptico se daba en momentos en el que estaba en pleno uso muchos
fertilizantes y pesticidas que se pensaban harían un milagro en la producción
de grandes cosechas, pero tuvo un efecto negativo en plantas y especialmente
aves y animales que, por estar en la cima de la cadena alimenticia, se
afectaron por dichos usos irracionales de químicos.
De
tal manera que hoy sea a tomado mayor conciencia de la importancia de las
actividades humanas estén más cónsonas con las demandas del ambiente y en la
búsqueda de lograr desarrollar una economía que sea sustentable y cambie el
efecto sobre la Tierra.
Por
eso es menester hacer una revisión de la praxis gerencial, que hoy puede ser el
motor que logre revertir los abusos que ha tenido nuestro planeta en aras del
progreso y bienestar humano. Por ello esa redimensión de la praxis gerencial
debe comenzar en el mismo corazón de las organizaciones, que no son otra cosa
que la expresión intencional de los colectivos, en la búsqueda de alcanzar
propósitos comunes. (Robbins y Coulter, 1996)
De allí que nuestra sociedad debe
responder a las señales que hoy las organizaciones no pueden seguir creciendo a
niveles insostenibles. Por eso hoy ha
llegado el momento de ponernos a buscar soluciones a todos los problemas
ambientales que enfrentamos. (Vegas y Álvarez, 2009)
Por cual, se ve una estrecha relación entre la educación y el desarrollo, y
si se toma en cuenta que se reconoce como un derecho la educación, entonces,
son los sistemas educativos, los que determinan el tipo de sociedad y del
individuo que prevalecerá en el futuro. De allí que se debe definir qué tipo de
educación es necesario implementar para lograr un desarrollo sustentable que se
pretende obtener sin mermar las capacidades que hacia el futuro tendremos, si
mantenemos un ritmo destructivo de nuestro planeta.
El desarrollo sustentable es un proceso integral que exige a los distintos
actores de la sociedad compromisos y responsabilidades en la aplicación del
modelo económico, político, ambiental y social, así como en los patrones de
consumo que determinan la calidad de vida.
La Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo, establecida por
las Naciones Unidas en 1983, definió el desarrollo sustentable como el desarrollo
que satisface las necesidades del presente sin comprometer las capacidades que
tienen las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades.
El desarrollo sustentable implica pasar de un desarrollo pensado en términos
cuantitativos - basado en el crecimiento económico - a uno de tipo cualitativo,
donde se establecen estrechas vinculaciones entre aspectos económicos, sociales
y ambientales, en un renovado marco institucional democrático y participativo,
capaz de aprovechar las oportunidades que supone avanzar simultáneamente en
estos tres ámbitos, sin que el avance de uno signifique ir en desmedro de otro.
El desarrollo sustentable, para serlo y diferenciarse del simple
crecimiento, tecnificación, industrialización, urbanización, o aceleración de
los ritmos, debe satisfacer ciertas condiciones, además de ser endógeno, es
decir nacido y adecuado a la especificidad local, y auto gestionado, es decir,
planificado ejecutado y administrado por los propios sujetos del desarrollo
(Ramírez, Sánchez y García (2004).
1. Sustentabilidad económica, para disponer de los recursos necesarios para
darle persistencia al proceso;
2. Sustentabilidad ecológica, para proteger la base de recursos naturales
mirando hacia el futuro y cautelando, sin dejar de utilizarlos, los recursos
genéticos, (humanos, forestales, pesqueros, microbiológicos) agua y suelo;
3. Sustentabilidad energética, investigando, diseñando y utilizando
tecnologías que consuman igual o menos energía que la que producen,
fundamentales en el caso del desarrollo rural y que, además, no agredan
mediante su uso a los demás elementos del sistema;
4. Sustentabilidad social, para que los modelos de desarrollo y los
recursos derivados del mismo beneficien por igual a toda la humanidad, es
decir, equidad;
5. Sustentabilidad cultural, favoreciendo la diversidad y especificidad de
las manifestaciones locales, regionales, nacionales e internacionales, sin
restringir la cultura a un nivel particular de actividades, sino incluyendo en
ella la mayor variedad de actividades humanas;
6. Sustentabilidad científica, mediante el apoyo irrestricto a la
investigación en ciencia pura tanto como en la aplicada y tecnológica, sin
permitir que la primera se vea orientada exclusivamente por criterios de
rentabilidad inmediata y cortoplacista.
LISTA
DE REFERENCIAS
Calvante, A. (2007). El concepto
moderno de sustentabilidad. Universidad Abierta Interamericana: Centro de Altos
Estudios Globales
Ramírez Treviño, A.; Sánchez Núñez,
J. y García Camacho, A. (2004) El Desarrollo Sustentable: Interpretación y
AnálisisRevista del Centro de Investigación. Universidad La Salle, vol. 6, núm.
21, julio-diciembre, pp.55-59
Robbins, S.
y Coulter, M. (1996). Administración. México: Prentice-Hall.
Vega, P. y
Álvarez, P. (2009). Educación Ambiental e Intercultural para la Sostenibilidad:
fundamentos y praxis. Universidad de la Coruña. Utopia y Praxis Latinoamericana
España



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